17.7.14

Abre el libro y se difumina el recuerdo que creía intacto. Crece en el relato y ya la memoria es un mar de formas que no son formas, palabras que no son palabras, sueños que ya no son sueños. Mueve la hoja.. la cambia. Ese canje tan rutinario ahora era tan exacto, tan encantador, tan preciso, tan necesario, urge entre sus dedos y se arrepiente en su auge, más rápido que su lagrima consiguiente que resbaló... rodó... mojó y se estrelló por su pelo en su pecho. No comunica ella lo que siente cuando escribe, no lo dice con vanas palabras y a su parecer, a su sentir, a su corazón es mucho mejor llorar. Lo que creía olvidado, gana melancolía, lo que alguna vez fue gloria ahora es nostalgia y aquello que no quería irse, que se negaba a desaparecer.. se ha ido tan de pronto, tan de prisa. Sin siquiera sorprenderse por esto, tan acostumbrada a lo que nos tiene ensimismados casi siempre sin quererlo, no logra reaccionar de forma atenta a esta declaración. Es la confesión de ella, de su libro, de su recuerdo, su confesión.

Junio 2009
Sueños brumosos y confusos.
Una vez quise soñarte pero desperté de angustia al verte. Quería verte y sólo podía en mi cabeza.. en mis recuerdos.. en mis delirios. Hundí la cara en la almohada y lloré como hacía mucho no lo hacía. Me había reanimado el dolor. Siempre sirve que te duela para hacerte volver de un estado de inconciencia. En el estado en el cual no sentís, no ves, no llorás, no hablás, no nada. Ese llanto desesperado e incontrolable que salía de mi ser, no se podía apaciguar con ningún pensamiento o recuerdo.. todo lo que llenaba mi cabeza hacía las lágrimas más intensas y con más sentimiento. El dolor. El dolor en el corazón, en el pecho, en la garganta luego de haber reprimido tanto tantas cosas, en mis manos, en mis muñecas, en mis brazos... el dolor y sus múltiples manifestaciones en mí. Levanto la vista y entre las nubes cálidas y húmedas de mis ojos logro divisar unas plumas... un ataque de risa irónica entre los quejidos ahogados empieza a surgir. Todo es tan ridículo. Lográs traspasar hasta la barrera de lo que es pesadilla y sueño. Podés pasar por una de esas hermosas ensoñaciones que mi inconciente espera ansiosamente recrear pero en realidad sufro cada vez que te atisbo a la lejanía y si pudiera no llorartesi pudiera al menos no recordarte...


Septiembre 2009

15.7.14

Ojalá ella esté cuando despiertes

"Supongo que llegarás uno de estos días, espero que hayas descansado, creía que ibas a llamar desde casa de tu madre, pero ya debería saber que contigo no se puede contar para estas cosas, en fin, no importa, quedan aquí las palabras de recibimiento de una amiga, llámame cuando te apetezca, cuando se te antoje, pero no como quien se siente obligado, eso sería malo para ti y para mí, a veces imagino lo maravilloso que sería que me llamases sólo porque sí, simplemente como alguien que tiene sed y bebe un vaso de agua, pero eso ya sé que es pedirte demasiado, nunca finjas conmigo una sed que no sientas, perdona, lo que quería decirte no es esto, simplemente desearte que regreses a casa con salud.(...)"
Poco a poco su expresión se fue tornando seria, luego reflexiva, luego inquieta, le había venido a la memoria lo que la madre le dijo, "Ojalá ella todavía esté cuando tu despiertes", y estas palabras sonaban ahora en su mente como el último aviso.(...)
 "Supongo que ésas eran palabras que necesitabas oir, Así es, Despertaste y todavía estaba aquí, no se durante cuánto tiempo más, pero estaba.(..)" 
A veces nos preguntamos por qué la felicidad tarda tanto en llegar, por qué no vino antes, pero si nos aparece de repente, como en este caso, cuando ya no la esperábamos, entonces lo más probable es que no sepamos qué hacer con ella, y la cuestión no es tanto elegir entre reír o llorar, es la secreta angustia de pensar que tal vez no consigamos estar a la altura.(...)Se deslizaba lentamente hacia el sueño cuando María Paz le susurró al oído, Qué maravilloso sería que me llamases sólo porque sí. Probablemente diría el resto de la frase, pero él ya se había levantado, ya se había puesto la bata sobre el pijama, ya marcaba el número. María Paz preguntó, Eres tú, y él respondió, Soy yo, me dio sed, vengo a pedirte un vaso de agua.