22.4.15

Decisiones

Los circuitos de la vida son inciertos. Creo que uno sabe ya sus limitaciones en cuanto a intentar planearlos. Nos hemos chocado contra la pared cientos de veces, deseando  haberlo sabido de antemano y evitarnos la herida. Pero realmente, ¿eso hubiese sido una solución o simplemente postergar lo inevitable? Es obvio que no podemos detectar lo que va a pasar con nuestros destinos, pero creo que una cosa es segura: Nos va a enseñar cosas. Entonces con eso en mente podemos esperar que las cosas no salgan siempre como las queremos pero, justamente porque el fin de esto es enseñarnos algo. Es difícil agradecer lo que nos lastimó o nos dejó insatisfechos en algún sentido, es difícil siempre mirar más allá. Como una obra que al mirarla de cerca nos muestra su desastre inarmónico de manchones y pinceladas pero, vista de lejos forma algo con sentido. Un simple humano no puede ver más allá de sus intereses, de su amor, incluso de su vida. Quizás tenga sentido cuando nos alejemos unos años, quizás tenga sentido para otros porque nosotros ya no vamos a estar. El destino entonces es algo unificado, algo colectivo y no es propio de las personas. Puede que estemos viviendo historias con moraleja para otros. Lo hermoso del cerebro humano es que nadie sabe qué decisiones vamos a tomar, qué combinación de químicos se va a llevar a cabo para que ése ser humano sea de tal manera. El azar de nuestras moléculas y células es maravilloso. Entonces, el destino es incierto. O no?

9.4.15

Deseos reprimidos

Todos sabemos lo que pasa cuando reprimimos lo que deseamos. De algún momento a otro sale algún día para recordarte lo que no querías querer. Y no es cuestión de que pase el tiempo ya que éste puede curar y borrar todo, excepto el deseo de ser feliz. Si esto que reprimiste es la clave para tu felicidad, no va a importar cuántos años pasen, cuántos pseudo-reemplazos tenga ese deseo. Simplemente va a quedar ahí, quieto. En una caja. En un cajón. En la calle. En forma de foto. En forma de persona. En forma de fantasma. La cualidad de los deseos que nos harían felices es la de llevarnos hacia el sin importar que lo queramos o no desear. Y si lo negamos duele. Y si lo escondemos sale. Sale como un fallido, como una palabrita que parece inocente. Y en el fondo se sabe que ése no sos vos. Porque al fin y al cabo tu deseo te define. No? Es en realidad en lo más puro de su esencia quien realmente sos. Y negarse a uno mismo es como negarse a beber agua o a respirar. Tarde o temprano te termina matando.