9.4.15

Deseos reprimidos

Todos sabemos lo que pasa cuando reprimimos lo que deseamos. De algún momento a otro sale algún día para recordarte lo que no querías querer. Y no es cuestión de que pase el tiempo ya que éste puede curar y borrar todo, excepto el deseo de ser feliz. Si esto que reprimiste es la clave para tu felicidad, no va a importar cuántos años pasen, cuántos pseudo-reemplazos tenga ese deseo. Simplemente va a quedar ahí, quieto. En una caja. En un cajón. En la calle. En forma de foto. En forma de persona. En forma de fantasma. La cualidad de los deseos que nos harían felices es la de llevarnos hacia el sin importar que lo queramos o no desear. Y si lo negamos duele. Y si lo escondemos sale. Sale como un fallido, como una palabrita que parece inocente. Y en el fondo se sabe que ése no sos vos. Porque al fin y al cabo tu deseo te define. No? Es en realidad en lo más puro de su esencia quien realmente sos. Y negarse a uno mismo es como negarse a beber agua o a respirar. Tarde o temprano te termina matando.

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